voto nulo feminista
Los candidatos a la presidencia, Santiago Abascal (Vox); Yolanda Díaz (Sumar), y Pedro Sánchez (PSOE), antes del debate electoral organizado por RTVE ‘23J el debate final’. Foto: Eduardo Parra / Europa Press
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Por qué mi voto será nulo el 23-J

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A pesar de la indudable inquietud que me causa la posibilidad de un gobierno de derechas, reforzado por el hecho de que previsiblemente necesite a Vox para gobernar, yo votaré nulo en las próximas elecciones generales. Estas son mis razones.

La primera, es que nunca otorgaré mi apoyo a partidos que nieguen -o pacten con quien niegue- la violencia machista y la desigualdad estructural de las mujeres. Por eso, el voto a la posición ideológica más a la derecha del espectro político es inviable para cualquiera que se considere feminista y yo no soy, desde luego, una excepción a ese posicionamiento.

La segunda es que tampoco votaré a quienes, después de tres años de ofrecer argumento tras argumento para que el ejecutivo no siguiera con su deriva antifeminista, y de advertir lealmente que #FeminismoNoVotaTraidores, han ignorado y descalificado a las feministas, oponiendo insultos a nuestros argumentos.

Y menos cuando, ni siquiera en campaña – los partidos políticos del actual gobierno y los que les han apoyado en sus reformas legislativas- hayan hecho ni el más mínimo gesto de acercamiento al movimiento feminista, sino que -por el contrario- ha sido marca de la casa ningunearnos y despreciar al feminismo. Sería deshonesta conmigo misma y con las compañeras feministas si ahora, A CAMBIO DE NADA, les otorgara mi voto.

Lo que es evidente es que, pese a las presiones antidemocráticas que pretenden inducir el voto del miedo, el movimiento feminista no se debe a ninguno de los partidos del arco parlamentario, que, por otra parte, han demostrado -siempre que han podido- sus hondas raíces patriarcales.

Por eso, sin compromisos firmes y creíbles con la agenda feminista y, al contrario, con la constatación de actuaciones e incluso leyes que vulneran frontalmente esa agenda, el voto feminista no puede ser entregado a quienes están cimentando un retroceso de derechos de las mujeres y de la infancia como jamás se había visto desde que tenemos democracia. 

La tercera es que hay muchas cosas prioritarias que el autodeclarado “gobierno más feminista de la historia” no ha hecho, desperdiciando una oportunidad de oro para demostrar su cariz progresista:

  • En efecto, y a pesar de su incontinencia legislativa, los partidos en el gobierno no han encontrado un momento para derogar la ley mordaza, a pesar de que la libertad de opinión y de expresión son base y fundamento de los sistemas democráticos y cualquier partido realmente progresista debería tenerlos como valores prioritarios. 
  • Tampoco han tenido tiempo para impulsar la ley de abolición de la prostitución, que la plataforma abolicionista les entregó redactada, la LOASP. Lo que sigue posibilitando -cada minuto, cada hora, cada día- la violencia, la vejación, la violación o incluso el asesinato de mujeres pobres y vulnerables.
  • No han movido un dedo para buscar fórmulas sobre cómo atajar el incesante incremento de la pornografía, que no es otra cosa que violencia sexual contra las mujeres filmada; o, ni siquiera, para estudiar mecanismos que vetaran el acceso a la misma de menores de edad. De hecho, la pornografía incluso se ha promocionado en algunas guías educativas financiadas por partidos en gobiernos que ahora, paradójicamente, se atreven a exigir el voto feminista.
  • No han tenido tiempo de anular las instrucciones del Registro Civil y notariado de 2010 y 2019 que posibilitan la regularización del comercio internacional de bebés y la explotación reproductiva de sus madres, de nuevo mujeres pobres y/o vulnerables.
  • Frente a la obligación de transparencia exigible a la actuación de las AAPP, en especial con relación a la gestión de fondos públicos, existe una gran opacidad en el destino de los fondos procedentes del Pacto de Estado contra la violencia machista; mientras observamos con rabia y consternación que no se realiza ninguna actuación efectiva para frenar la carnicería de mujeres víctimas de violencia machista. Los tuits, ni paran balas, ni puñales, ni manos asesinas.
  • No sólo han permitido, sino que han fomentado el secuestro de la coeducación, distorsionando su auténtica finalidad de posibilitar la igualdad entre mujeres y hombres, derivándola a objetivos bien distintos y, con frecuencia, opuestos a la igualdad.

La cuarta es que, por el contrario, hay cosas muy graves que sí han hecho, como aprobar leyes profundamente antifeministas:

  • La ley de sólo sí es sí que, lejos de lo alegado por el gobierno, no fue producto de un error involuntario sino un claro enfoque antipunitivista; aunque, al parecer, esa clase de enfoque solo es deseable si se trata de delitos relacionados con la violencia ejercida contra las mujeres.
  • Únicamente la alarma social que despertaron las más de mil rebajas de condena a violadores, con la puesta en libertad de varias decenas de ellos impulsó un cambio que, por cierto, se aprovechó para restaurar la situación penal anterior al redactado de la Ley en materia de sanción penal, ya que -en ausencia de violencia física y de resistencia numantina, juzgadas ambas con criterios androcéntricos- la reforma hace posible aplicar penas sustancialmente rebajadas como ocurría antes de la aprobación de esta ley. El clamor feminista “no es abuso, es violación”, ha sido así, claramente burlado, al menos en sus repercusiones penales.
  • En cuanto a La Ley Trans, dado que ha sido objeto de numerosas críticas más que de sobra argumentadas, no me detendré en ella; salvo para señalar que no es tanto una ley a favor de un colectivo minoritario, como un texto legal que ataca los derechos de las mujeres en general y los objetivos del feminismo en particular.

La quinta razón para mi voto nulo es propiciar que haya -por parte de los partidos situados a la izquierda de la derecha (que no “de izquierdas”) un mayor respeto hacia el feminismo, del que ahora es evidente que carecemos. Porque,

  • Si el argumento para votar es “que viene la ultraderecha”, esa situación va a existir por largo tiempo en un país como el nuestro, con un bipartidismo imperfecto que necesita acudir a sus extremos para gobernar. Por tanto, es tanto como decirnos a las feministas que, hagan lo que hagan -incluso desmantelar desde dentro el feminismo y, con él, toda la agenda emancipatoria del mismo- tenemos que votarles. Lo que, irremisiblemente conduce a una creciente irrelevancia del feminismo cuyo voto se convierte así, en cautivo.
  • Si, a pesar de sus reiteradas traiciones y de nuestros numerosos avisos de que no les votaríamos con esas políticas, ahora voy y les voto, ¿qué respeto van a otorgar a mis posiciones? ¿por qué habrían de cambiar sus políticas actuales en el futuro? ¿Qué fuerza tendré para exigirles nada?

Para finalizar, querría remarcar que las elecciones generales son un ejercicio democrático. Pero no sólo. También constituyen el control del Gobierno y del Parlamento que obligadamente ejerce el pueblo soberano. Y no se puede culpar a la ciudadanía o a parte de ella de su desafección, a cuenta de leyes y actuaciones que ningunean o pisotean los derechos de quienes ahora deciden, por ese motivo, no votarles.

Pocas veces un electorado, siempre fiel en anteriores elecciones, ha dado tantos avisos de que eso podría suceder. No nos hicieron caso. Pero, en el colmo del cinismo, ahora pretenden atribuirnos una responsabilidad que en absoluto es nuestra.

Respeto a las compañeras que elijan la opción de votar a partidos autodeclarados feministas. Pero yo, por todas las razones expuestas, con el corazón roto y -como nunca creí que podría pasar- votaré nulo. #FeminismoNoVotaMisoginia #FeminismoNoVotaTraidores

Amparo Mañés Barbé

Amparo Mañés Barbé, Licenciada en Filosofía y Ciencias de la Educación (Sección Psicología) por la Universitat de València. Feminista.
Exdirectora de la Unitat d’Igualtat de la Universitat de València.