Mujer leyendo un libro. Julia Spranger , CC POR 3.0, vía Wikimedia Commons
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Las lecturas navideñas de Carmen Domingo

9 Min. lectura

Son épocas de compras las que se nos avecinan y sumidos, por más que tratemos de que no nos condicione demasiado el gasto, en ellas tratemos, al menos, de aprovechar para leer. Las selecciones siempre son difíciles, así que he optado por escoger aquellas que, casi me atrevería a decir, tocan temas imprescindibles por actuales -por más que una de ellas esté escrita a principios del pasado siglo: reivindicaciones feministas, violencia machista, fascismos, redes sociales, suicidios, autoficción…

Y ahora sí, sin más, pasen y lean  y si no logran regálenselos a sí mismos, les aseguro que no les defraudarán.

Lunes, Eli Ríos (2022), Trad. María Reimóndez, Consoni

No sorprende, una vez leída del tirón, que a Eli Ríos le dieran el Premio Torrente Ballester en 2017 con Lunes, solo sorprende que hayamos tardado casi cinco años en tener una traducción de su gallego original al castellano. 

La novela, estructurada a partir de un monólogo interior que nunca se te hace pesado, alcanza una intensidad narrativa y un ritmo vertiginoso desde la primera línea que contrasta con la vida tranquila que vive nuestra protagonista y es ese contraste de ritmos el que no te permite dejar el libro ni un segundo.

Nerea, la protagonista de Lunes, vive una vida con pocos altibajos junto a su marido y sus dos hijos hasta que un día, al salir de una revisión ginecológica, le diagnostican un cáncer de mama en estadio IV con una metástasis que, le aseguran los médicos, la llevará a la tumba en menos de dos meses: “Y maldigo la teta. Y el cuerpo, y la suerte que me ha caído en desgracia”.  Recibe nuestra protagonista la noticia con una extraña frialdad, que le hará pensar, antes que en sí misma, en todas las cosas que debe resolver antes de dar con sus huesos en el cementerio.

Pero las cosas, no podía ser de otro modo, nunca son lo que parecen, ni se resuelven con una lista de obligaciones y tareas, de debes y haberes, de filias y fobias, las cosas, creedme, son siempre más complicadas y es, justo en esa complicación de lo cotidiano, en ese ir y venir de la casa al trabajo, del trabajo a la guardería, de la guardería a la escuela, en ese hablar con la vecina, tratar de hacerlo con un marido que no escucha, es ahí donde vemos avanzar una trama que no nos dejará indiferentes.

Créanme, no le pierdan la pista a Eli Ríos, porque tiene todavía muchas novelas por escribir.

Los reyes de la casa, Delphine de Vigan (2022) trad. Pablo Martín Sánchez, Anagrama

Delphine de Vigan, autora consagrada de la literatura francesa contemporánea, ha conseguido con Los reyes de la casa una mezcla de thriller y ensayo novelado con el que retratar la dictadura de lo digital que está viviendo una parte de la sociedad, más pendiente, por momentos de recibir un like que de cómo se encuentran sus hijos.

“El 10 de noviembre de 2019, alrededor de las 6 de la tarde, la hija de Melanie Claux, de seis años de edad, desapareció mientras jugaba al escondite con otros niños del complejo residencial”, este es el punto de partida de la novela.

Melanie Claux es una frustrada protagonista de reallyties que acaba convertida en una madre que cuenta, a través de las redes, el día a día, casi el minuto a minuto de sus dos hijos hasta que uno de ellos, la pequeña, desaparece. A partir de esa desaparición conocemos a Clara Roussel, la peculiar policía que se encarga del caso y de transmitirnos la desgana, la tristeza, la soledad, un matrimonio construido a fuerza de silencios y de falsas sonrisas y felicidades infantiles.

Aun siendo una novela coral, Mélanie Claux y Clara Roussel acaban por ser en gran medida las protagonistas antagónicas conectadas a través de la niña desaparecida que acabará siendo, a su vez, la imagen perfecta de hasta dónde puede llegar una madre en su afán de protagonismo y perfección.

La narración, perturbadora por momentos, y mucho más cercana a lo que nos gustaría, puede parecer ciencia ficción, pero acaba siendo documento devastador sobre la enajenación contemporánea, la explotación de la intimidad, la falsa felicidad proyectada en las redes y la manipulación de las emociones todo a cambio de dinero y una fama efímera que puede acabar siendo tan efímera como las mismas relaciones humanas. Porque, en definitiva, asegura la policía “La cuestión era saber qué toleraba la época, qué alentaba, incluso qué ensalzaba. Y admitir que los inadaptados, los desfasados, por no decir los reaccionarios, eran aquellos que, como ella, no podían desenvolverse sin extrañarse o indignarse”.

Ellos, los fascistas. La banalización del fascismo y la crisis de la democracia, Javier Rodrigo y Maximiliano Fuentes, (2022), Deusto

Que de la palabra fascista se está haciendo uso y abuso no es una novedad. Lo que sí lo es, es que alguien -álguienes en realidad- haya tenido el acierto de hacer de eso un libro, no solo por lo necesario de la explicación sino también porque al fin podremos poner los puntos sobre las íes de la realidad del uso de la palabra en cuestión. Sobre todo porque, como bien dice Sergio de Molino en el prólogo: “No se me ocurre ningún término político más vacío que fascista. Aparece en cualquier contexto dirigido contra cualquiera. Hay pocos actores públicos que no hayan sido acusados de tales en el griterío de las redes sociales y en la histeria que domina cualquier discusión política actual. Incluso quienes se dedican, fundamentalmente, desde trincheras de la izquierda radical (o no tan radical), a señalar fascistas, acaban siendo acusados de tales en algún momento de la refriega”. Y así es.

Maximiliano Fuentes y Javier Rodrigo se han dispuesto a analizar ese “diagnóstico equivocado”Ellos, los fascistas Deusto) analizan la banalización de un término que tanto en Europa como en Estado Unidos o Brasil “tiene poco que ver” con aquel fascismo de antaño, “a pesar de que tenga algunos puntos con sintonía y alguna apelación más o menos estrambótica”. Y ya en terreno patrio, ni eran fascistas los independentistas durante el procés, ni los votantes de Ayuso en Madrid.

Porque el fascismo de antaño, el original, por más que medios y políticos se empeñen en hacernos creer que ha vuelto es falso. Por más que estemos asistiendo a la normalización de la derecha radical y aumente día a día su visibilidad política y mediática tras su llegada al poder en Estados Unidos, Hungría, Brasil, Polonia, India y su incorporación a coaliciones de gobierno y Parlamentos, eso no quiere decir que Italia o España estén avanzando hacia el fascismo. Porque a poca historia que sepamos, no pueden equipararse las décadas de 1930 y 1940 a la actualidad. Ni los contextos son los mismos ni las alternativas políticas son equiparables. En realidad, flaco favor le estamos haciendo a la política, porque la alerta antifascista permanente dificulta identificar las características propias de los movimientos de derecha radical actuales. Trump, Abascal, Bolsonaro, Salvini, Orbán o Meloni comparten elementos de cultura y práctica política ultraconservadora, xenófoba y ultrarreligiosa, pero llamarlos “fascistas” dificulta conocer lo que el fascismo fue realmente. Y no solo eso. La reducción al estereotipo elimina las características del fenómeno actual e impide hacerle frente.

Cartas a las mujeres de España, María de la O Lejárraga y Gregorio Martínez Sierra (1916), Renacimiento

Cartas a las mujeres de España, publicado por primera vez en 1916,  salió acompañado de una nota promocional escrita por Gregorio Martínez Sierra: “Libro interesantísimo que deben leer todas las mujeres porque trata con sinceridad, emoción y amenidad, de sus derechos y de sus deberes”, se podrá leer en La Esfera, uno de los pocos medios que le prestaron atención y no reprodujeron el texto publicitario. También ese carácter feminista se señaló en La Publicidad, de Granada: “honda y profundamente feminista”, adjetivo que, sin duda acaba por dar en el clavo de lo que eran estos textos firmados por María Lejárraga y su marido. Unos textos que, publicados en su origen en la Revista Blanco y Negro como colaboración semanal, siguieron saliendo una vez publicado el libro.

Pero, como bien explican los prologuistas de esta edición de 2022, la idea de hacer pedagogía feminista no era nueva, había surgido años atrás tras ver publicados artículos en los que se hacía crítica del feminismo sin demasiado fundamento. Pensaron entonces en “disipar un poco la ignorancia general”, no lograron publicarlos en aquel entonces y debieron esperar a la oportunidad de Blanco y Negro. Optaron entonces por la innovadora fórmula epistolar, un formato que se presta a la confidencialidad, para explicar el feminismo, convirtiendo, a su vez, a las mujeres en protagonistas del mensaje que querían enviar. Y en esta confidencialidad, en este “hablarnos al oído” de los textos, todavía hoy podemos encontrarnos con numerosas reflexiones que siguen estando, casi me atrevería a decir que por desgracia, de actualidad, por no superada la tan necesaria igualdad entre hombres y mujeres.

Y sí, antes de acabar diré que, por más que aparezcan las Cartas firmadas por el matrimonio, se conserva alguna carta de Gregorio reclamándole a María que acabe de entregar para el número próximo de Blanco y Negro, demostrando, una vez más, que ella era la autora de lo publicado, por más que estuviera firmado por los dos.

La brecha, Mercedes Valdivieso (2022) Firmamento

La Brecha, un clásico del feminismo de los años sesenta de la novelista chilena Mercedes Valdivieso , es rápida, directa, concisa y mantiene toda su crudeza. En la novela, Valdivieso nos narra una ruptura, la de la protagonista con la vida que “le ha tocado vivir”. Una vida en la que no tiene ni siquiera poder sobre su cuerpo -abortará de forma clandestina- y en la que su autora nos muestra la manera en que la mujer es capaz de censurarse, a sí misma, cualquier forma de disfrute.

Porque eso es lo que es La brecha, la denuncia de la violencia ejercida a través de las distintas estructuras sociales contras las mujeres a fin de apresarlas, pero también, ahí radica el halo de esperanza que nos muestra su autora, la evidencia de que existe la posibilidad de emancipación,  de libertad de las mujeres que pueden llegar a romper el muro que las aprisiona.

Me casé como todo el mundo se casa”. Esa es la primera frase del libro, desde una primera persona, limpia, directa que nos va a acompañar a lo largo de toda la redacción. Una primera persona de una protagonista sin nombre –“el malestar no tenía nombre”-que nunca llegará a tenerlo, aunque sí lo tienen Gastón, su marido, y Sebastián, su hijo. Lo que la hace reflejo de todas esas mujeres de la década de los sesenta, encuadrándola en la primera novela feminista latinoamericana y publicada originalmente en 1961, punto de partida de otras muchas. Porque, no tardará en llegar a la conclusión: “Un matrimonio que se disuelve da el ejemplo: mientras algunos se alegran, otros, los que tiemblan, por su insegura tranquilidad constituida, anatematizan contra los rebeldes.”

Pequeñas desgracias sin importancia, Miriam Toews (2022) Trad. Julia Osuna, Sexto Piso

Miriam Toews hace, en Pequeñas desgracias sin importancia, una ficción autobiográfica por la que resulta difícil no sentirse atraída. Nacida en el seno de una estricta comunidad menonita, comunidad que aparece en sus novelas y que abandonó a los 18 años, Toews junta esa experiencia de vida, con la que, por desgracia, tuvo que vivir tras el suicidio de su padre y años después el de su hermana y construye la historia de Yolandi y Elfrieda.

Fue al poco de tener lugar los suicidios en su familia cuando la escritora canadiense decidió que no escribiría nunca más, pero “el tiempo pasó y pasó y pasó”, explica en una entrevista, y “entonces me di cuenta de que necesitaba escribir”. Al fin, Pequeñas desgracias sin importancia, ha supuesto para ella una especia de catarsis acerca de la muerte de su hermana. En la novela nos lo dice la protagonista, y en la vida real lo asume Miriam: “Ella quería morir y yo quería que viviera. Y éramos enemigas que se amaban”, leemos.

En Pequeñas desgracias sin importanciatítulo sacado de un poema de Coleridge– se cruzan las vidas de las hermanas: Yolandi, la superviviente de las dos, y Elfrieda, la suicida reincidente y convencida, tanto que no ceja en su petición de ayuda para morir: “Me estás pidiendo que te lleve a Suiza par que te maten. ¿A ti se te ha ido la cabeza o qué coño te pasa?”; una petición que nunca es escuchada por su hermana: “¿No puedes ser más como los demás, normal y triste y con tus mierdas, viva y con cargo de conciencia? Ponte gorda y fuma como si no hubiera un mañana y toca el piano como el culo. ¡A la mierda!”, le contesta una y otra vez Yolandi. Y es que, al final lo entiende nuestra protagonista, igual que la Toews real, una no debería plantarle cara a los deseos de sus seres queridos sino, por el contrario, ayudarles a conseguir sus deseos. Quizás esa es la única forma de asumir, con el paso del tiempo, el suicidio de un ser querido.