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De futbolistas, cantantes y empoderamientos varios

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Ya he comentado en alguna columna anterior que ni me gusta el futbol ni entiendo nada de este deporte. Tampoco soy una especialista en música, claro. ¿Por qué entonces hablas de futbolistas y cantantes, so impostora?, pensarán ustedes. Perdonen mi osadía, pero es que mi reflexión se centra más en pensar sobre lo que hoy llaman empoderamiento y su relación con lo individual y lo colectivo.

No me gusta la palabra “empoderamiento”, (ustedes: vaya, ¿y por qué la utilizas?) pero es la que mucha gente, sobre todo joven, emplea al hablar de algunas mujeres: que si tal cantante está muy “empoderada” que si hay que “empoderarse” para ser más libre.

Creo, sin embargo, que “empoderamiento” es un término neoliberal que remite a lo individual, a aquellas acciones que una persona puede llevar a cabo para adquirir más seguridad en sí misma, más capacidad de actuar, más autonomía, más poder o más dinero. Cosas que no hay que desdeñar, por supuesto. Pero no se refiere al ámbito colectivo. Una cosa es “empoderarse” individualmente y otra es que ese empoderamiento revierta en el resto de la sociedad.

La trama de poder masculino y corrupción en la RFEF

El caso que ejemplifica muy bien esta diferencia es lo que está ocurriendo con las jugadoras de fútbol: el beso no consentido de Rubiales a Jenni Hermoso (aunque es un caso particular) puso al descubierto toda la trama de poder masculino y corrupción en la Federación de Fútbol. Un caso que podría ser anecdótico, si se quiere, ha servido para que surja toda una realidad que, no por menos conocida, ha permanecido en la sombra durante mucho tiempo.

Las jugadoras de fútbol han llevado a cabo una gesta que no solo revierte en su propio beneficio, sino que ha generado un debate social, ha cuestionado estructuras de poder  anquilosadas y anacrónicas, ha traspasado las fronteras de nuestro país y se está erigiendo en un ejemplo para otras niñas y jóvenes que pueden ver en ellas un referente deportivo. La acción de una ha acabado convirtiéndose en ejemplo para muchas. O lo que es igual, un caso individual acaba generando un cambio colectivo.

Otra cosa diferente es cuando alguna mujer –sobre todo en el mundo del espectáculo–, se convierte en una celebridad y adquiere fama, poder e influencia. ¿Se tambalean las estructuras de poder tras las bambalinas? ¿Revierte su popularidad en la consideración que sobre las mujeres en general tiene la sociedad? ¿O su empoderamiento es una cuestión personal que redunda en su propio y exclusivo beneficio?

Los pechos de la cantante y el empoderamiento de las mujeres en la música

Hace poco hemos asistido al gesto de una cantante que enseñó los pechos en un concierto, y hay muchos ejemplos de mujeres “empoderadas” en el mundo de la música, cosa que me parece perfecto.  Casi todas proyectan una imagen sexy, sensual y voluptuosa según el estándar de belleza hegemónico del patriarcado. No tengo nada contra el atractivo personal de las cantantes, pero ¿revierte su éxito en el común de las mujeres? ¿O más bien refuerza el estereotipo según el cual para triunfar tienes que ser joven, bella y atractiva?

He leído en X (imposible no referirse a Twitter) que hay mujeres que están intentando sacar a relucir el machismo y la misoginia imperante en el mundo de la música, pero ¿Quién comienza? ¿Serán las estrellas más rutilantes del momento? ¿Generarán un debate social semejante al ocurrido en el mundo del futbol? ¿Acabarán las cantantes con el poder de las camarillas y el abuso de poder que se ejerce en la sombra? Y quien dice el mundo de la música dice cualquier ámbito cultural, político, social o económico.

Esta es la diferencia entre el empoderamiento individual y la lucha colectiva. Una cosa es enfrentarse al sistema y otra es hacerle el juego al patriarcado. Una cosa es hacerse millonario y otra cosa es que tu riqueza revierta en mejorar la situación económica de la colectividad.

Juana Gallego

Profesora universitaria