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Irán subvenciona las operaciones de cambio de sexo mientras oprime a mujeres y homosexuales

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Irán es el único país musulmán en la región del Golfo Pérsico y Oriente Medio que concede a los ciudadanos transexuales el derecho a que su identidad de género sea reconocida por la ley. En contraposición, las mujeres no pueden mostrar más allá de seis centímetros de prohibida piel y los homosexuales se enfrentan a la horca. ¿Tiene lógica?

Como casi todo lo que ocurre en en el país persa, la lógica hay que hallarla de una u otra forma aunque a veces sea prácticamente inherente al ojo o la capacidad humana. Una fatwa del líder Supremo Ruhollah Musavi Jomeini (líder de la revolución de 1979 que acabó con la derrota del Sha’) dictaminó en 1986 que, “en el nombre del Todopoderoso, Dios permite la reasignación de sexo si es aconsejada por un médico confiable”. 

Una ley inspirada por una activista

Estas palabras tuvieron lugar después de que el ayatolá conociera a la abogada y activista transexual iraní, Maryam Khatoon que hizo posible que ese discurso se convirtiese finalmente, en marzo de 2013, en una ley ratificada en el Parlamento persa. 

No obstante, ser transexual no es un camino de rosas en Irán. Muchas de estas personas sufren la violencia, el rechazo de sus familiares y de la sociedad. Además, las cuestiones financieras que vienen ligadas al ostracismo social se suman a la difícil situación de las personas transgénero en el país. 

La calle Nofel Loshato, arteria de la capital, Teherán, situada junto al teatro principal, suele ser el punto de reunión de la mal denominada marginalidad. Un soterrado ambiente de prohibiciones, como el alcohol, las drogas o la homosexualidad se hacen realidad mientras los ciudadanos y ciudadanas transgénero que allá acuden son conducidos a la prostitución. 

La realidad de la transexualidad en Irán

Según dictaminó Jomeini, una persona podía cambiar de sexo si pasaba un dictamen psicológico. Además, el Gobierno ayuda a pagar la intervención y otorga nuevos documentos de identidad en el mismo momento de la solicitud. Sin embargo, el proceso es mucho más complejo y largo del que establecen los clérigos. 

Saman Arastoo, cuyo nombre artístico es Farazaneh, es un hombre transgénero que actúa y dirige en teatros iraníes para dar una plataforma a la lucha a muchos transexuales. Desde su perspectiva, explicó en una intervención a Euronews que, “la sociedad necesita aumentar su conciencia, detener esta cultura de ser pasiva -hacia los transexuales- y actuar. Ésta es la única solución”. 

De hecho, en multitud de ocasiones, Saman Arastoo ha denunciado que las personas transgénero no tienen dónde dormir. “Sus familias los rechazaron, no tienen trabajo, la mayoría eran estudiantes pero abandonaron sus estudios”. 

Suicidios

A pesar de ser uno de los Estados en los que la transexualidad es aceptada, según un informe de Out Right International, la vida para el colectivo transexual, al que ‘apoya’ el Gobierno, se ha convertido en un camino tortuoso. “Las presiones sociales sobre las personas transexuales son tan altas que se especula que el 100% ha tenido al menos un pensamiento suicida y el 70% ha intentado suicidarse”, asegura la ONG. 

Es decir, la ley del ayatolá choca de frente contra la Sharía, la misma que presiona a las mujeres, obligadas a vestir el velo, y a los homosexuales a renunciar a su valor más preciado, la libertad. 

El colectivo homosexual

Por otro lado, según el actual ayatolá Ali Jameini: “El caos sexual continúa hoy en día en los países occidentales, donde existen graves vicios morales como la homosexualidad que son demasiado vergonzosos para siquiera hablar de ellos”.

Este es el designio para un colectivo que se enfrenta a la pena de muerte y que, en muchas ocasiones, se ve empujado por los equipos médicos de la Sanidad Pública, que desconoce la diferencia entre identidad y sexualidad, a aceptar una reasignación de sexo que ni tan siquiera desean. La otra alternativa pasa por huir del país. 

De hecho, una de las preocupaciones entre los equipos de psicólogos de la Sanidad Pública es que, la operación de cambio de género está siendo ofrecida para personas que no son transgénero sino homosexuales, y pueden no disponer de la suficiente información. 

A esta lucha social, también se suman las mujeres que desde hace un año han emprendido, con el apoyo de muchos de sus colegas, la revolución del velo. Una respuesta tajante frente a la obligación de taparse en cabello o requerir el permiso de un hombre para poder viajar o trabajar, entre otras muchas reclamaciones. 

Las mujeres iraníes también alzan la voz

A pesar de que en las universidades, cerca del 51% del alumnado es femenino, según fuentes oficiales del país, los datos del Banco Mundial revelan que en 2020, sólo un 13,84% de las personas que tienen un empleo en Irán son mujeres, lo que genera una total dependencia económica con los hombres que impide, por ejemplo, el divorcio en muchos casos. 

Foto: Shimaa Bedinzade
Foto: Shimaa Bedinzade.

En Irán, donde los pomos de las puertas siguen teniendo género, pues dependiendo del sonido que hagan al llamar, simbolizan que quien lo ha hecho es un hombre o una mujer, existe un dicho, “todo lo que está prohibido puede hacerse”. 

Quizá este sea el momento de que esta ambigua nocturnidad despierte, en los albores de una nueva era, una revolución que cambie el estatus quo dentro de la sociedad y revele a los ayatolás que el tiempo de las imposiciones a golpe de grúa se ha terminado. 

Beatriz Yubero Parro

Periodista. Ha trabajado como corresponsal en varios países de Oriente Medio y Europa. También junta letras en economía y otros sectores especializados. Puedes localizarla en @b_yubero.