La ministra de Igualdad, Irene Montero, interviene durante una sesión plenaria en el Congreso de los Diputados, a 30 de noviembre de 2022, en Madrid (España). Eduardo Parra / Europa Press 30/11/2022
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El feminismo no vota a traidores

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Unos, como no saben mucho de embarazos, no saben distinguir un embrión de un bebé; y se piensan que todo lo que se autodenomine feminista lo es. Otros, no saben la diferencia entre consentimiento y deseo, ni entre sexo y género, ni tampoco saben defender los derechos de las mujeres frente a la voraz ultraderecha. Claro, al no poder definir lo que es una mujer, cómo van a luchar contra la violencia que sufrimos por nacer con sexo femenino. Esto sucede porque no, tampoco saben lo que es el feminismo.

Y mientras, en Castilla y León, ¿a qué nos enfrentamos las mujeres? Por un lado, Vox poniendo las garras sobre nuestros derechos, algo que no nos sorprende. Por otro, Podemos negando sus chapuzas legislativas en el marco nacional y apropiándose del nombre del feminismo, secuestrándolo para su grotesca propaganda. Porque sí, a Pablo Fernández, portavoz de Podemos en Castilla y León, cuando le preguntan qué le diría a una mujer de Zamora que se ha visto obligada a huir del lugar en el que vive ante la excarcelación de su agresor, tiene la desfachatez de responder “que está protegida por el Gobierno de España, porque la Ley Sólo Sí es Sí protege a las mujeres”, aun cuando ese hombre la estuvo amenazando desde la cárcel.

Dejen de repetir su argumentario, dejen de esconder la cabeza debajo de la tierra y empiecen a asumir sus errores y a trabajar para proteger a las mujeres, reparar el daño sufrido y erradicar la violencia machista. Así lo único que hacen es lavarse las manos y revictimizar a las víctimas. Ustedes son también violencia institucional. Como también lo son los señores de Vox, a los que les recordamos que ya algún ministro perdió su sillón por sus intenciones antiabortistas. El derecho de las mujeres al aborto libre, seguro y gratuito es incuestionable.

Las mujeres nos enfrentamos al más absoluto abandono político, no sólo en Castilla y León, en todo el panorama nacional. Entre la misoginia de unos y el delirio de otros, a esta vorágine de despropósitos se suma la inexistencia de una desmembrada y lacaya Izquierda Unida y el silencio cómplice de PSOE y PP, partidos que dicen ser la estabilidad que España necesita. No importa el color ni los supuestos ideales que digan defender: todos y cada uno de ellos utilizan los derechos de las mujeres como arma arrojadiza mientras hacen del Congreso de Diputadas y Diputados, a costa del erario público, un auténtico circo.

El vicepresidente de la Junta de Castilla y León, Juan García-Gallardo. Foto: Isabel Infantes / Europa Press

Este es el marco perfecto para que la violencia machista se despliegue en todas las esferas de la sociedad, desde el ámbito político, en todas sus vertientes y ante la amenaza de la ultraderecha, hasta la más pura realidad. Es esta realidad en la que día sí y día también una mujer es asesinada, mujeres para las que el Ministerio de Igualdad sólo tiene vacíos tuits de corta-pega y el eterno lamento de que han llegado tarde, una vez tras otra, desde hace cuatro años que llevan en el cálido sillón ministerial.

Es esta realidad en la que los agresores sexuales se benefician del recorte de penas y excarcelaciones propiciadas por una torpe ley que se presume como un éxito político del ministerio; ministerio que debería velar por la seguridad de las mujeres y reparar el dolor de la violencia que sufrimos. Pero no. El Ministerio de Igualdad tiene otras prioridades, porque más que un ministerio parece un centro de ocio y tiempo libre, donde la secretaria de Estado de Igualdad y Contra la Violencia de Género tiene la osadía y la impunidad como para reírse públicamente de las reducciones de penas a violadores en un podcast. Y si con una cámara delante se atreve a mofarse de su pésima gestión y de las legítimas críticas que se hacen a los efectos de su Ley, ¿qué no harán a puerta cerrada?

Mientras, la señora ministra no tiene tiempo para hacer autocrítica ni para cesar a su número 2 tras este comportamiento. Al contrario, además de respaldarla, también saca un ratito para que la entrevisten mientras le hacen las uñas. Tampoco saben responder con claridad qué ha ocurrido con los fondos del Pacto de Estado contra la Violencia de Género, ni si esos fondos se están empleando para tal fin. Es mejor escurrir el bulto y pasarle la bola a las administraciones municipales que, sin tener necesariamente un compromiso ni una formación en igualdad, pueden destinar el dinero a pintar mobiliario público, hacer camisetas o poner contenedores para reciclar tapones de botellas. Porque esto es lo que llega a la realidad del territorio del país: pura fachada, color morado y logos institucionales. Ese es también el “feminismo” que obra el propio ministerio, que crea el ‘teléfono arcoíris’ con casi 3 millones y medio de euros, mientras los centros de atención a mujeres y las residencias para víctimas de maltrato siguen sin dar abasto y con cada vez menos recursos.

Ángela Rodríguez, Secretaria de Estado de Igualdad y contra la violencia de género. Foto Ministerio Igualdad

Pero de las mujeres nunca se acuerdan; o solamente cuando hay que pedirles el voto porque viene el lobo, porque viene la ultraderecha. No, estimados miembros de Podemos: el lobo está en el Ministerio de Igualdad. Porque cada vez que una mujer es asesinada y recuerdan que hay que llamar al 016, se olvidan de que la mitad de las mujeres a las que un hombre les arrebató la vida ya habían denunciado previamente. Porque están fallando a las mujeres cuando apelan a la responsabilidad ciudadana y no a la suya propia. Porque no están velando por la seguridad y libertad de las mujeres, pero se ponen las medallas como si lo hicieran. Porque se dan prisa en aprobar una ley trans que, lejos de tener ningún consenso social y con el absoluto rechazo del movimiento feminista y de los especialistas en medicina, tramitan con urgencia, nocturnidad y alevosía.

Porque prefieren mirar hacia otro lado cuando les ponen en sus manos una ley abolicionista del sistema prostitucional, no vaya a ser que, como dicen, “divida al movimiento feminista”, abandonando así a las mujeres más vulnerables y olvidando de forma deliberada y perversa que el feminismo es, por definición, abolicionista.

El feminismo no se doblega ante el fascismo ni se vende a la instrumentalización partidista. Porque el feminismo no vota misoginia, ni, aunque se disfrace de purpurina. El feminismo no vota a traidores; así que recuerden, cuando vengan a pedir el voto, que el lobo son ustedes.

Asociación de Mujeres Abolicionistas Leonesas

Asociación de Mujeres Abolicionistas Leonesas