Pa esto hemos quedao gloria elizo crónica Libre
Sánchez y Feijóo, cara a cara. Imagen: Atresmedia
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Pa’esto hemos quedao. Por Gloria Elizo

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Quizá es que una ya no sabe muy bien medir la influencia que los debates puedan tener en los resultados electorales, más allá de quedarse pensando que hay que ser muy friki o muy de derechas para comerse debates como el de ayer entero.

El de ayer fue, en efecto, un debate -si se lo puede llamar así- muy de derechas: Feijoo buscando el favor de los votantes de ultraderecha a los que les avergüenza votar a VOX y Sánchez peleando la fidelidad de ese electorado socialista de derechas al que el espejo no le perdona votar al PP. Los votantes de izquierdas -los que fuimos capaces de seguir el debate- nos pasamos la noche como Nani Moretti en Abril: gritándole a Sánchez que dijera algo de izquierdas.

No importamos a nadie. Nuestro voto es otra vez el voto cautivo del mal menor que va a votar eslóganes y sonrisas básicamente por la cuenta que nos tiene de que no ganen otros, a la defensiva, como Sánchez ayer, y sin más esperanza que la de esperar tiempos mejores. Así las cosas, tampoco sorprende mucho que un debate de derechas lo gane la derecha: ruido, chascarrillos de bar, aspavientos, datos falsos, mentiras e interrupciones… Apoyado el codo en la barra del bar del pueblo, Feijoo le recitó a Sánchez el manual entero del ultraderechista sensato, mientras este pedía permiso y perdón tratando de volver a ser admitido en el más rancio bipartidismo español.

De las pocas cosas que se dijeron ayer apenas se recordará hoy la oferta del señor Feijoo de dejar gobernar la lista más votada. Bueno, eso no sorprenderá, la verdad, porque lo propone siempre que es la lista más votada, exactamente igual que practica lo contrario cuando no lo es. Sorprende que la única respuesta de Sánchez fuera ?una y otra vez? que dejaran gobernar a Fernández Vara en Extremadura a cambio. Mientras Feijoo insistía en que él no querría gobernar con menos votos que el PSOE, a Sánchez ni se le pasó sugerir que no se puede gobernar contra la mayoría de los españoles.

Los votantes de izquierdas ayer no fuimos ni españoles. Fuimos otra vez la rémora rojoseparatista de la antiespaña que el bipartidismo puede ningunear. Es lamentable. En apenas una década de ensimismamiento, sectarismo, amiguismo e hipocresía la izquierda ha pasado de ser el sentido común que vive fuera de los argumentarios a volver a ser ese común sinsentido al que se vota con la pesadumbre de los que no consiguen que la voz de la dignidad, los argumentos sociales y económicos y la sensatez solidaria se oiga en un mundo que se cae a pedazos enfermo de depredación, cortoplacismo, machismo, egoísmo, militarismo, censura e ignorancia.  

Vale. Que no gane el peor… Vamos a tratar de evitar que el movimiento nacional madrileño configure otra vez un partido socialista a la medida de sus cuentas de resultados. Pero, resignémonos, si alguna cosa buena tiene la derecha española es que destruye todo lo que se apropia. Pero que en estas elecciones volvemos a la casilla de salida del bipartidismo eso no hay quien lo dude. Ni una palabra de progresividad fiscal, justicia social, igualdad de oportunidades, regeneración democrática, feminismo inclusivo, administraciones de servicio público, reforma de la justicia, cambio de modelo productivo, participación democrática, libertades frente a la mordaza, cultura crítica… La gente de izquierdas ya no pintamos nada en ningún debate: “¿queréis programa, programa y programa? Os vamos a dar ruido, eslóganes, sonrisas y chascarrillos”.  Pa’esto hemos quedao.