El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, comparece en el Pleno del Congreso de los Diputados. Alberto Ortega / Europa Press
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Sánchez en el olimpo del poder económico y político mundial

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No han pasado ni dos años desde aquel desdeñoso saludo que Biden profirió a Sánchez en los pasillos de la cumbre de la OTAN, y que podría calificarse como el gran punto de inflexión en la historia Sánchez. Desde entonces, Sánchez se ha afanado por distanciarse de aquel Sánchez. Rompió con su equipo más cercano un mes después, ministros y asesor jurídico incluido, y se tiró a los brazos del establishment socialista: Borrell, De la Rocha, o Bolaños. Tras ese giro se produjo la alianza con Marruecos, el espaldarazo a la guerra en Ucrania, y  finalmente los PGE de 2023 que consolidan a Sánchez en el centro del poder económico y político mundial. Estos nuevos presupuestos incluyen la cesión en materia de vivienda, energía o fiscalidad ante fondos internacionales y el aumento del gasto en defensa a cambio de asegurar el proyecto social de la mayoría de investidura.

Los nuevos PGE crecen, y crecen partidas sociales para el proyecto social del Gobierno y sus aliados parlamentarios. Crece el gasto un 5,9% más que en 2022. Crecen partidas importantes y claves para el resurgir de  la izquierda europea, como las partidas de igualdad, economía social, pensiones, dependencia, becas e IMV.  Unos gastos que crecen gracias al ingreso extraordinario de los Next Generation, que estos presupuestos inyectan 25.156 millones, y las previsiones de mejora del mercado de trabajo que se reflejan en mayores ingresos por rentas del trabajo.

Defensa aumenta un 26%

En los mismos presupuestos destacan otros gastos que aclaran el trasfondo del nuevo proyecto de Pedro Sánchez. El aumento de la partida en defensa, que aumenta un 26%, hasta los 12.317 millones, un record nunca visto en la historia reciente del presupuesto militar. Un guiño a las demandas más beligerantes del comisario europeo Borrell, y principalmente de EEUU. Frente a este gasto, contrastan partidas emblemas de la izquierda a la izquierda del PSOE, como vivienda, con un aumento del 5%, o el gasto en inclusión, con un 13% de aumento, que se traduce en un incremento del 8,5% de las cuantías del IMV. Hace dos años, cuando Pablo Iglesias presentaba la medida estrella del nuevo Gobierno de coalición, se estimaba que beneficiaría a 2,3 millones de personas, mientras que dos años después de su presentación llega a 1,4 millones. Se estima que más de 13 millones de españoles están en riesgo de pobreza y/o exclusión  social y 4,5 millones en pobreza extrema.

Cumbre de la OTAN en Madrid. Foto: NATO/dpa

Impuesto a la banca y compensación a empresas de energía

Pero si algo definen los nuevos presupuestos son los límites impuestos a dos políticas estrellas del Gobierno de coalición. Por un lado, el impuesto a la banca, que será únicamente aplicado a entidades nacionales, y excluirá al resto de entidades extranjeras. Por otro, la compensación a las empresas de energía con jugosas partidas dirigidas a la incorporación de tecnologías alternativas a los combustibles fósiles, que paliaría la reducción de beneficios producida por el tope al precio del gas o el impuesto a las energéticas. Todo ello, alegraría a los inversores, principalmente norteamericanos, que verían alejarse el temor a unas políticas fiscales más agresivas contra las empresas en las que invierten.

Todo esto explicaría la sintonía de Sánchez con el poder económico y político transnacional, principalmente vinculado a la administración estadounidense y sus aliados. Los PGE de 2023 vendrían a consolidar un programa político iniciado en verano de 2021 dirigido a acercarse a los intereses de la principal potencia, que ha visto con buenos ojos el giro atlantista producido tras la cesión ante Marruecos de la defensa del Sahara, o el alineamiento a los postulados más beligerantes de la administración estadounidense, en forma de ayuda directa en material militar y declaraciones de apoyo al Gobierno de Ucrania ante la invasión rusa.

Ascenso de Sánchez meteórico

Desde aquel fatídico verano de 2021, el ascenso de Sánchez ha sido meteórico. De una posición aislada en aquella cumbre de la OTAN en la que Sánchez quedó en evidencia, al éxito en la organización de la cumbre de la OTAN en Madrid, pasando por las reuniones bilaterales con las principales potencias del mundo en la pasada cumbre del G20 en Bali, donde se le concedió el acceso a reuniones privilegiadas junto a Biden, Scholz o Macron. Ya con los presupuestos aprobados, se mostraba un Sánchez pletórico en la cumbre de Davos, urgiendo a las élites económicas a “arreglar un sistema injusto”, y poniendo como ejemplo la política fiscal del Gobierno.

El proyecto de Sánchez es actualmente un emblema en el escenario político internacional, opacado por el declive de los partidos democristianos y socialdemócratas,  hasta relanzarle como el primer presidente español de la internacional socialista, lo que supone un espaldarazo de la mayoría de partidos socialdemócratas existentes a su política de acercamiento al statu quo, a cambio de un Estado social mínimo que reduzca la desigualdad.

Los actuales presupuestos de 2023 van dirigidos a sostener un sistema mínimo de ayudas que palíe una brecha de la desigualdad que se acentúa cada año, y consolida a España como el país más desigual de Europa occidental. Un pacto de mínimos con el poder económico que agradaría a las élites y serviría de faro ideológico a unos partidos socialdemócratas en declive y una izquierda que carece de proyecto alternativo a Sánchez.