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El presidente pedro Sánchez entrevistado por Ana Rosa Quintana en Telecinco. Foto: Mediaset

Presidentes socialistas entrevistados en terreno “enemigo”

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Hemos visto en estos días preelectorales al presidente Pedro Sánchez y al ex presidente Rodríguez Zapatero ir a entrevistas con periodistas y presentadores muy duros y críticos con el gobierno: Pablo Motos, Ana Rosa Quintana o Carlos Herrera. Mientras un sector de la izquierda afirma que hay que boicotearles por que “blanquean el fascismo”, la realidad ha sido que los entrevistados han salido muy bien parados. Analizamos cómo funciona el periodismo en las entrevistas.

La izquierda española ha pasado en dos semanas de decir que no había que ir como invitado a algunos programas de televisión porque blanqueaban al fascismo a aplaudir la presencia de Pedro Sánchez en esos mismos programas. En la reciente entrevista a Pedro Sánchez en El Hormiguero, hay un momento en que Pablo Motos le interpela sobre su uso de la mentira y, tras responder, Sánchez, termina el presentador diciendo: “No puedo estar más de acuerdo con usted”. Y un masivo aplauso del público resuena en todo el plató.

Hasta el portal satírico El Mundo Today hizo sorna sobre el triunfo del presidente en el programa de Pablo Motos: “Pedro Sánchez pide una sección fija en El Hormiguero”.

A los pocos días, Sánchez tendrá otra entrevista con el otro gran coco de la derecha española, Ana Rosa Quintana, con quien no se entrevistaba desde 2019. Allí Sánchez le desmonta algunos bulos que ella llevaba toda la legislatura difundiendo. De nuevo se repite el éxito de Pedro Sánchez. “¡En muchas cosas estoy de acuerdo con usted!”, acabó diciendo Ana Rosa Quintana. “Ana Rosa vota Pedro Sánchez”, terminó titulando Víctor-M. Amela en La Vanguardia.

Pero es que pocos días antes también vimos al expresidente Rodríguez Zapatero aplastar a Carlos Herrera en una entrevista en la COPE, otro terreno y periodista “enemigo”, a cuenta de ETA. Cuando el periodista le preguntó si Sánchez se había equivocado al apoyarse en partidos «filoterroristas» o «independentistas», Zapatero le recuerda, con una contundencia y beligerancia que sorprendió, que fue un gobierno socialista el que acabó con ETA: «Mi Gobierno, sí, lo digo. Bajo mi Gobierno se terminó ETA, se entregó ETA, se rindió ETA. Sí, lo digo y lo afirmo. Y lo sé».

¿Qué conclusiones podemos sacar de estos casos?

En primer lugar que el periodismo agresivo y zafio que se está dando en algunos medios y periodistas de la derecha contra el gobierno de coalición, solo es eficaz si cuenta con recursos de manipulación: mentiras y bulos sin derecho a réplica, declaraciones políticas fuera de contexto, uso y abuso de testimonios y reacciones de fuentes críticas, etc. Es mediante todas esas técnicas como el periodismo agresivo contra el político logra manipular y hacer daño.

Cuando el formato es una entrevista larga, con tiempo y, eso es importante, en directo y sin posibilidad de cortes ni edición de las imágenes, el periodista manipulador se desinfla. Eso sí, siempre y cuando el entrevistado sea brillante, o al menos en esa ocasión se lo haya preparado y lo haya sido, que es lo que pasó en las entrevistas que hemos comentado. Por supuesto, si el político es mediocre o mentiroso, saldrá mal parado. En ese caso, habrá que reconocer el mérito del periodista.

Existe un principio en el periodismo que dice que hay que entrevistar a un político de derechas como si el periodista fuese de izquierda y al político de izquierdas como si el periodista fuera de derechas. Solo entonces es cuando la entrevista sale brillante y honesta, y quedará en evidencia el político.

En evidencia quiere decir que brillará si es talentoso y usa la verdad, y hará el ridículo si es mediocre y recurre a la mentira. O sea, una buena entrevista, más allá de nuestra ideología y de la del político. Por eso, tanto Zapatero como Sánchez salieron bien parados de las entrevistas, les preguntó un periodista de derechas y lograron lucirse mucho más que si la entrevista hubiera sido complaciente.

Hace unos quince años, al entonces ministro de Exteriores cubano, a la salida del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, y tras perder una votación, le abordó la periodista de la CNN para pedirle una entrevista. El ministro, poco favorable a conceder entrevistas a medios estadounidenses hostiles, aceptó con la condición de que se emitiera en ese momento en directo. A regañadientes el equipo de CNN aceptó y preparó las condiciones técnicas.

El resultado fue brillante para el cubano, por supuesto más brillante que todas las entrevistas complacientes que le solían hacer en los medios estatales cubanos. De hecho la entrevista de la CNN fue luego reproducida por la televisión estatal cubana, mostrando a un miembro del gobierno mucho más hábil y con capacidad de argumento y reacción que cuando le entrevistaban ellos.

Es decir, cuando la entrevista se le hizo desde la discrepancia ideológica, el ministro pudo enfrentar los tópicos habituales en contra,  razonar y argumentar mejor sus posiciones. Resultó, sin duda, más convincente que una entrevista en la que al periodista se le nota una complicidad absoluta con el entrevistado y no le permite explicar ninguna posición en respuesta a las acusaciones habituales.

La conclusión es evidente, son los recursos tecnológicos y los trucos miserables los que permiten al periodismo abusar de su posición y crear escenarios manipuladores y engañosos. En el cara a cara, sin artificios, ni trampas técnicas, afortunadamente, el periodismo honesto y la verdad puede triunfar por mucha discrepancia que haya entre entrevistado y entrevistador.

Pascual Serrano

Pascual Serrano es periodista. Crítico con la prensa tradicional, en 1996 fundó la publicación electrónica Rebelión (www.rebelion.org). Su denuncia a los métodos de información de los grandes medios tradicionales se ha reflejado en libros como Desinformación (2009), o La prensa ha muerto: ¡viva la prensa! (2014). Otros libros publicados son Traficantes de información (2012), Medios democráticos (2016) y Paren las rotativas (2019).
Ha sido colaborador de Público, Eldiario.es y Sputnik.
En 2019 recibió el Premio de Periodismo de Derechos Humanos que anualmente concede la Asociación Pro Derechos Humanos de España (APDHE). En la actualidad dirige en Akal la colección A Fondo y colabora con varios medios, como Le Monde Diplomatique y Mundo Obrero.
Su último libro es Prohibido dudar. "Las diez semanas en que Ucrania cambió el mundo" (Akal).